El partido popular-cambio de imagen

El cambio de imagen del partido popular

Lavado de cara. En eso lleva semanas, meses inmiscuido el Partido Popular. Lavado de cara, lavado de imagen. Primero fueron lavados, en plural, de caras. Fueron los Fernando Martínez Maíllo, Javier Maroto, Andrea Levy y el ya archiconocido Pablo Casado, a quién el Partido Popular está sobreexponiendo en prácticamente todos los debates televisivos. Jorge Moragas, actual jefe de gabinete de Rajoy, será el jefe de campaña en las elecciones generales, en sustitución de Carlos Floriano, que ocupó el cargo en esta legislatura hasta entonces.
Las críticas no tardaron en llegar. ¿Con cuatro caras nuevas se iba a paliar 3 años de gobierno en el que mintieron a los ciudadanos y les quitaron derechos sin pundonor? ¿Con cuatro caras nuevas basta para olvidar que con el Partido Popular todo el país (salvo los más ricos) se han hecho mucho más pobres? Había que hacer algo más.

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Javier Maroto

“Hay que cambiar el logo”, debió pensar alguno. Cualquier cosa que no relacionase al nuevo Partido Popular con el antiguo Partido Popular es buena. Aunque se haga a loco y sin un equipo de expertos para ello. Este cambio es el séptimo en la historia del Partido Popular y está pensado especialmente para que se vea bien en las redes sociales y en Internet en general. El partido dice que mantiene las siglas con las que tanto se han identificado, porque a diferencia de otras formaciones ellos no quieren esconderlas. Sin embargo, sí parecen estar escondiendo la realidad. Un partido viejo que solamente se ha hecho un lifting. Sigue la mayor parte de la cúpula y sigue el ala fuerte del PP rondando al gobierno de Mariano Rajoy con su puño de hierro oculto.
Lo cierto es que más que decir que el PP tiene un nuevo logo, se podría decir que es, simplemente, una nueva marca. Y hecha con prisas y con poca eficacia. Desde el punto de vista estético, no parece que identifique mucho al partido y menos si va acompañado de un lema, que reza “x el futuro de España”. Ver a Mariano Rajoy con ese lema delante mientras habla como el mayor de los conservadores produce un sentimiento extraño y ridículo. Dan ganas de reír, por no llorar. En definitiva, además de ser un error en lo estético (aunque para gustos hay colores), es un error total en lo estratégico. Y muy arriesgado, más si cabe con la edad avanzada que tienen muchos de sus votantes, los que aún les quedan. Desde el punto de vista técnico y simbólico, tampoco aporta nada bueno. La gaviota incluso parece que ya ha dejado de volar, y eso es lo más simbólico que tiene este nuevo logo.

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¿Y si el logo recibe críticas? ¿Más lavado de cara? Sí, más lavado de cara. El PP programó cuatro foros de debate para hablar de todos los temas que preocupan a los ciudadanos españoles. A buenas horas, como diría el otro. Tres años y medio dando ruedas de prensa por parte del gobierno por televisiones de plasma, y ahora de repente Esperanza Aguirre se calca una campaña electoral a pie de calle sentada en un sofá, o andando en bicicleta por Rajoy, en una imagen que parecía más propia de la Casa de la Pradera.

Un nuevo logo, una nueva marca, que no cambia nada y menos si no va acompañado por un cambio de políticas y por un cambio de gabinete completamente radical. Aún le quedan unos meses a Mariano Rajoy para arreglar el desaguisado y realizar algún cambio más profundo, algo que se le pide desde el propio partido. No parece que en principio los vaya a haber, pero veremos qué pasa.