FOMO

FOMO del ingles  =  Fear of missing Out

El miedo a perderse algo. Eso es lo que es fomo.

No se trata del miedo a no tener acceso a alguna cosa que se necesite, sino a perderse alguna cosa que está sucediendo y que consideramos relevante (como por ejemplo no asistir a un evento o quedarse sin conocer una información). El FOMO viene de la imagen “completamente fabulosa” de la vida de los demás que muestran por las Redes Sociales,  por Facebook, Twitter e Instagram, entre otros, y que contrasta totalmente con las frustraciones, sufrimientos y fracasos de nuestra propia vida.

Pensar constantemente que los demás están viviendo más y mejores cosas, que nos estamos perdiendo algo (incluso por el simple hecho de no poder prestar atención a absolutamente todo lo que nos rodea), genera una ansiedad que puede desencadenar graves trastornos (puede llegar a convertirse en una verdadera obsesión).

A pesar de ello, como sucede con muchos otros síndromes de aparición reciente cuyas causas (y sobre todo consecuencias) no están del todo claras, el FOMO todavía no está oficialmente considerado una enfermedad.

Le pondré un ejemplo:

Es jueves por la sabado por la noche y usted se encuentra preparando tranquilamente una ensalada en su casa. Se le hace la boca agua sólo con pensar en los deliciosos taquitos de queso que va a mezclar con los canónigos, la rúcula, el tomate fresco y las hierbas aromáticas.  Sin embargo y repentinamente, su telefono suenaa. Por el rabillo del ojo consulta la interfaz de su Facebook. Tres de sus amigos están a punto de llegar a un partido de futbol. En la foto se les ve  felices. Inmediatamente aparece otra foto: son Juan y Julia, que informan de que acaban de llegar a un viaje de Centro Europaa.

El queso, los tomates y las verduras todavía están ahí. Pero en su cabeza ya no tienen el mismo sabor de antes. Inevitablemente se pregunta si tomó la decisión correcta al volver a casa para preparar la cena.  ¿Por qué los demás se lo pasan tan bien…?¿Por qué no ha salido? ¿Por qué diablos no ha sido invitado?

fomo

Una persona enferma de FOMO piensa que su existencia es aburrida , sin interés, y no puede evitar acudir de forma enfermiza a su movil para seguir la vida de los demás y compararla con la suya propia.

Y además parecería que los “otros” se pasan el día haciendo esfuerzos inauditos precisamente para demostrar que su vida es maravillosa.

En un artículo de Le Figaro hablaban de este asunto como de “una forma de subasta”:

Se trata de ofrecer regularmente a los amigos una versión aumentada de nuestra pequeña existencia. Y ésta, por supuesto, obligatoriamente jalonada con fotos radiantes de vacaciones inolvidables, besos en la playa, niños perfectos, fiestas memorables, regalos insensatos, ‘cupcakes’ increíbles, gatitos adorables o ‘spas’ de locura, dependiendo del estilo de vida de cada uno. Todo ello censurando púdicamente todo lo demás, más mediocre, evidentemente”. (3)

Incluso cuando publica en Facebook una foto de su propio aniversario, en la que todo el mundo ríe a carcajadas, la persona que sufre FOMO está firmemente convencida de que ella no parece divertirse tanto como el resto, y eso la hace sufrir.

Un reciente estudio realizado entre jóvenes británicos advierte de los efectos nocivos del uso de las redes sociales entre adolescentes y revela que la más dañina de todas ellas, por sus efectos psicológicos en este grupo especialmente vulnerable, es Instagram. Esta red social, especializada en la edición y retoque fotográfico, es una plataforma perfecta para la autopromoción a través de imágenes totalmente falsas y edulcoradas (exactamente lo mismo de lo que venimos hablando). Snapchat, Facebook y Twitter la siguen de cerca, con resultados también negativos

 

¿Qué es lo que ha sucedido con nuestras vidas a partir de Facebook?

Como ya conté en una ocasión anterior, un día acompañé a mis hijos a la salida de una excursión escolar. Era por la mañana, muy temprano, pero cuando llegamos los autobuses ya estaban allí.

Yo esperaba ver a cientos de alumnos emocionados y ansiosos por marcharse unos días. Pero lo único que allí había era un silencio sepulcral. La mayoría de los adolescentes y profesores estaban sentados en sus asientos, absortos en sus teléfonos móviles e intercambiando mensajes con cualquiera a varios kilómetros de allí.

Arthur C. Brooks, columnista en el The New York Times, asegura que muchas personas pasan “la mitad del tiempo haciendo ver que están más felices de lo que en realidad están, y la otra mitad viendo cómo el resto parece estarlo más que ellas”.

El experto Alberto Knapp explicaba en El País que el FOMO es “un miedo social que siempre ha existido: la exclusión, el saber que tus colegas van a algo o tienen algo mejor que tú. Pero gracias a la ubicuidad e instantaneidad de las redes sociales se ha convertido en un acompañante habitual”. (5)

[…] “3 de cada 10 personas de entre 13 y 34 años han experimentado esta sensación, y generalmente cuando ven que sus amigos hacen cosas a las que no están invitados”. (6)

De acuerdo con el informe “World Travel Market” no pasan más de diez minutos, de media, entre la llegada de un cliente a un hotel y la subida de un selfie en redes sociales para presumir ante sus amigos. (7)

 

¿Cómo superar el FOMO?

¿Terminar con la cuenta de Facebook?

Parecen medidas un poco radical.

¿Hay que dejar de compararse? ¿De envidiar a los demás? ¿De sentirse solo y triste cuando los demás se divierten?

Tenemos que aprender a estar contentos con nuestra propia a vida, a saber lo que queremos y actuar e consecuencia…

¡El problema es que uno no decide tener esos sentimientos! Simplemente surgen, eso es todo. Y cuánto más lucha uno contra ellos, más fuertes se hacen (como las ganas de chocolate).

¿Deberíamos exigir entonces a los demás que no traten de magnificar sus vidas? ¿Que dejen de parecer siempre contentos, de fiesta en fiesta y celebrando logros y éxitos?

¿Que dejen de lanzarnos constantemente su felicidad a la cara?

Eso es lo que parece que quiere la autora del artículo que le comenté antes, de Le Figaro, cuando reprocha que la gente publique en Facebook la foto de su cachorro de Jack Russell recientemente adoptado, “pero no del pis que se ha hecho sobre la alfombra”; o de su familia sonriente y unida durante una excursión, pero “no de la discusión a gritos al volver en coche”.

Pero, ¿es justo reprochar eso? De hecho, ¿realmente queremos que eso salga a la luz?

Pensad que en la Red la mayoría de la gente solo pone lo bueno y no lo malo como:

  • Comiendo sus cereales del desayuno mientras escuchan las noticias en una cocina patas arriba.
  • Discutiendo con sus hijos.
  • Empujando sus carritos de la compra en el aparcamiento del súper.
  • Conduciendo un día de calor en un atasco
  • Pagando facturas
  • Trabajando 14 horas….
  • Cuidando de los niños

Lo siento pero, para mí, Facebook, Instagram o cualquier otra plataforma de ese tipo son como los álbumes familiares de hace años: no se incluían en el él las fotos sin interés, feas o vulgares, sino que estaban la del abuelo con su uniforme de la mili y también las fotos de los bautizos, comuniones y bodas.

El álbum familiar estaba reservado para las fotografías en las que todo el mundo aparecía bien vestido, bien peinado y tratando de mostrar su mejor sonrisa. Fotos de salidas al campo, de vacaciones en la playa, de camping…

¿Qué habría sido de aquellas tardes en las que la gente se juntaba para ver las viejas fotografías de cuando eran niños si, en lugar de guardar las fotos de las vacaciones, se hubiesen conservado series infinitas de imágenes de alguien en la oficina, haciendo bricolaje o cortando el césped?

En mi opinión, Facebook no es un medio en el que se deba dar a conocer la vida privada, los sentimientos profundos, los fracasos o el dolor.

A mi entender, las cosas más personales sólo deberían ser confiadas en la intimidad: a la pareja, un mejor amigo, un compañero de infortunios… Y ¿por qué no?, también a los hijos y nietos, que pueden sacar provecho de la experiencia.

Pero todo lo anterior no significa que haya que demonizar Facebook. Esta red social puede ser una buena herramienta; la clave está en saber usarla, conocer sus límites y el papel que debe ocupar realmente en nuestras vidas. Las redes sociales sirven para estar conectados, para divertirse, mantenerse al día… Y para descubrir información útil e interesante que de otro modo probablemente nunca llegaríamos a encontrar.

Eso sí, imaginar que la gente publica sus sentimientos más profundos y los detalles más íntimos de su vida en Facebook es como creer que somos amigos de un famoso sólo porque lo vemos todas las noches en la televisión. O que las actrices de una serie de época van vestidas de la misma forma en la vida real.