Las verdad sobre la radiaciones

Existen similitudes sobre lo que sucedió con la prohibición del tabaco y lo que actualmente está pasando con los posibles peligros derivados de las radiaciones que soportamos las personas. Entonces, resultaba chocante que se dijera que podía causar cáncer  hasta que las investigaciones lo fueron  demostrando. Algo similar podría estar ocurriendo ahora con las radiaciones de los teléfonos móviles. Hoy ya, la ponente advierte de la curiosidad poco conocida en los iphones, donde se advierte de posibles riesgos de guardar el teléfono en el bolsillo, ya que la exposición podría superar los estándares establecidos. Pero no sólo Apple está dando consejos en este sentido, otras compañias de telecomunicaciones como Telstra establecen las siguientes advertencias:

1º) Utilizar manos libres.

2º) Limitar el número de llamadas.

3º) Utilizar el móvil en áreas de buena recepción, lo que reduce el riesgo de exposición (menos carga eléctrica para el móvil)

En relación a los peligros para la salud, los primeros estudios fueron realizado en el ámbito militar, por lo que no se tuvieron en cuenta a  niños y las personas tenían características antropométricas (peso-altura) de cierta envergadura. Esto quiere decir que hasta que no han pasado  los años, no ha empezado a tener estudios completos al respecto. Sobre todo y por desgracia, hasta que no están empezando a salir supuestos casos de enfermedades graves por esta causa.

Las aseguradoras, como por ejemplo Lloys of London niegan ya la covertura de daños provenientes de dispositivos inhalambricos,  signo indubitado de lo que se está moviendo entre bastidores.

Lo que verdaderamente resulta perjudicial es el pulso. Este varía la intensidad. Así, por ejemplo, no es lo mismo que el teléfono esté en stand-by a que suene y colguemos. En este momento subirá la intensidad. Otra cuestión de gran importancia es que aunque la emisión de la radiaciones sea mínima, la tasa de absorción (SAR) será mayor en los niños, entre otras causas porque su cerebro es menor. La doctora Devra Davis se pregunta sobre el impacto de muchas llamadas en el cerebro de un niño.

Resulta curioso ver como se inventó el microondas. La doctora dice que fue porque a unos militares se les derritió una barra de chocolate cuando estaban expuestos a las ondas de un radar; sin embargo, hemos intentado verificar este punto y en la revista Quo -por ejemplo- se dice que fue al inventor del microondas, al que se le derritió también por los efectos de la radiaciones de un radar con el que estaba probando. Sea cual sea la verdad, lo cierto es que las radiaciones producen calor. Conectamos este aspecto con las investigaciones de la NATO (Organización del Tratado del Atlantico Norte-Alianza Militar de Estados-), ya que se hicieron investigaciones en animales (ratones y conejos) para ver el resultado de la exposición a dichas radiaciones y han demostrado daños celulares antes simulaciones de exposición similares a los móviles durante 15 minutos al día por 7 días. A estos mismos animales también se le produjeron perjuicios después del nacimiento; asimismo la calidad de los espermas bajó. Pero este ultimo punto (la baja calidad de los espermas) ha sido demostrada no sólo en animales, sino en hombres por una clínica de Cleveland en unas pruebas que se hicieron para medir el impacto de las radiaciones, como consecuencia de llevar el móvil en los bolsillos. Respecto al hecho de que las mujeres lleven el móvil en el sujetador, hay un informe del 2009 sobre una mujer que lo llevó durante 4 horas al día en 10 años mientras conducía. Se da la circunstancia de que los móviles son aparatos inteligentes que emiten pulsos para que las diferentes antenas sepan por donde andan, lo que quiere decir que en itinerancia (al conducir por ejemplo), dichos impulsos son mayores que en reposo. Ella desarrolló un tumor justo en la zona del cuerpo donde la antena del móvil se situaba.

Desde que la OMS (Organización Mundial de la Salud) clasificara a las radiaciones no ionizantes en el rango 2B como posible cancerígenas, no se ha realizado investigaciones -por este organismo- para seguir indagando en la cuestión. No obstante, la organización que lidera la doctora Devra Davis sí que ha realizado una publicación afirmando que sí es un agente probablemente cancerígeno. Podéis ver su web aquí.
Siguiendo con las investigaciones de animales, se sometió a radiaciones a una colmena de abejas durante 10 días a 10 minutos al día. El resultado -entre otros- fue que las abejas trabajadoras no volvieron…  🙁

En relación a las diferentes investigaciones que en el mundo se practican para comprobar la verdad o no de esta temática, es muy difícil encontrar un terreno neutral, ya que hay muchos intereses creados. Asi por ejemplo, el Director de la “Federal Communications Commision” de EE.UU Tom Whiller trabajó durante 10 años para la Industria de las Telecomunicaciones y esto es común en otros países…

Es importante conocer la política de los diferentes Estados en esta materia, India, por ejemplo, ha confirmado a través de la Corte Suprema en el 2013 la decisión de quitar las Torres de Antena cercanas a los hospitales, colegios y parques públicos. Israel tiene un Instituto de Radiación no ionizante. No hay Wi-fi en las guarderías. En las escuelas se prefiere conexión por cable a la inhalámbrica. Todos los móviles viene con auriculares y los anuncios en los que hay niños no se permiten. Canadá, por ejemplo, también tiene leyes de advertencia en la materia. Finalmente terminamos con la decisión de la Corte Suprema de Estados Unidos de América:

“Si existe la posibilidad de que las radiaciones de los móviles sean cancerígenas, la salud pública y la regulación depende de nosotros. Aunque el costo financiero y social de restringir tales dispositivos, pueda ser importantes, estos resultan insignificantes en comparación del coste en vidas humanas de no hacer nada, si al volver la vista atrás descubrimos en 30 y 40 años que ya entonces había signos que apuntaban en esa dirección. Aunque la probabilidad de cáncer fuera baja, si la magnitud del potencial daño no, una buena política publica implica que el riesgo no debe ser ignorado.