Politicos y sociedad

La sociedad y su síndrome de Estocolmo por los políticos

En Catalunya hemos visto durante lustros una especie de síndrome de Estocolmo por Jordi Pujol. Era como si todo el mundo supiese que robaba, pero a los catalanes les daba igual. O no les parecía tan importante. Mientras la región fuese bien el resto quedaba –y debía quedar- en un segundo plano. Daba igual que Maragall denunciase públicamente en el Parlament las comisiones del 3 %. En seguida, le dejaron callado. Es muy posible que en ese momento  incluso gran parte de los catalanes se enfadase por las declaraciones de Maragall. Todo el mundo parecía enfadarse si atacaban a su corrupto preferido. Jordi Pujol era un ídolo político en Catalunya y como tal, se le idolatró a lo largo de los años, haciendo su figura cada vez más y más grande.

Algo parecido pasó durante años con políticos como Rodrigo Rato o Felipe González, por citar hombres importantes y referencia de los dos partidos que han gobernado las últimas décadas en nuestro país. Rodrigo Rato (PP) fue vicepresidente segundo del gobierno y ministro de Economía entre los años 1996 y 2004, durante el gobierno presidido por José María Aznar. Fue encumbrado por todos los medios como el hombre milagro gracias al cual consiguió despegar la debilitada economía española. Hoy, incluso tras casos sangrantes como las preferentes de Bankia, las tarjetas ‘Black’ o sus evasiones fiscales incurriendo en múltiples tramas y trampas financieras, aún hay quien defiende a Rodrigo Rato.

Politicos y sociedad

Da igual lo que hiciese o lo que le sospeche, para muchos sigue siendo aquel hombre milagro que le hizo vivir más o menos bien durante unos años, incluso a sabiendas de que en aquellas políticas del suelo se cimentó la burbuja inmobiliaria y la posterior ruina española de la que aún no hemos conseguido sacar del todo la cabeza. Algo parecido le pasa a Felipe González (PSOE), al que muchos siguen encumbrando a los altares de la política a pesar de casos como el GAL y otros graves casos de corrupción, unido a su mala política económica en la última fase de su mandato. Para muchos siempre será el mejor presidente que pueda tener nuestro país. Los debes no se le cuentan y sus salidas de tono se le perdonan continuamente.

Otro síndrome de Estocolmo hacía los políticos y sociedad, parece producirse en Mariano Rajoy, al que muchos defienden por sus políticas y por estabilizar la economía del país aún cuando a costa de nuestros bolsillos se trata. Ha estabilizado el país, sí, pero lo ha hecho a cualquier precio. Y lo más importante, lo ha hecho mintiendo. Otro síndrome de Estocolmo…hacia el mentiroso. Desde el Partido Popular se han seguido políticas que nada tienen que ver con lo que decían y prometían en la campaña electoral y muy alejado de los puntos clave de su programa.

Con tan solo unos ejemplos, nos encontramos con algunos ejemplos muy diferentes de síndromes de Estocolmo hacia los políticos en España. Da igual si se trata de cosas tan importantes como la corrupción, la mentira, el engaño o la estafa electoral. Parece que siempre tienen escusa. Parece que cuesta señalarles con el dedo. Y debería ser lo mínimo que hiciésemos los que les hemos votado. Señalarles con el dedo y decirles: “lo has hecho mal, lo has hecho muy mal, mejora o vete”. Puede que algo sí se esté cambiando y cada vez hay menos miedo y tapujos a denunciar todo lo que hacen mal. Sin embargo, siempre habrá quienes defiendan a los corruptos, mentirosos e  incompetentes hagan lo que hagan. Aprendamos a señalar con el dedo. Tan solo eso.

Meteduras de pata de los políticos y sociedad