Visitar Vigo

Visitar Vigo merece la pena

Los primeros rayos de sol comienzan a entreverse, acompañados de los graznidos de las gaviotas, hambrientas, saben que es la hora del desayuno, que los barcos de bajura, comienzan a descargar las capturas de la noche. Así comienza un nuevo día en Vigo.

Un ejemplo rotundo del paso de ciudad industrial a urbe humanizada en relativamente pocos años. Ya que se trata de una localidad muy joven, 1810 es la data de su carta de ciudadanía. Una ciudad que antaño solo vivía de la pesca, el naval y de la empresa automovilística “PSA”, y que con el paso del tiempo se ha convertido en un punto clave de desembarco de los cruceros de renombre.

Este punto clave de visita para nuestros amigos ingleses, alemanes, franceses… es debido a los atractivos que ofrece la ciudad olívica. Cabe destacar ante todo, su ubicación en medio de la ría a la que da nombre, perteneciente a las llamadas “Rías Baixas”. Y arropada por el manto de las “Illas Cíes” que la protege de los azotes del Océano Atlántico, por ello sus playas son tan tranquilas, ideales para familias, que buscan la tranquilidad en pequeñas calas, donde los niños pueden jugar y bañarse sin temor a corrientes o fuerte oleaje.

Visitar Vigo

Las playas son un punto extra que ofrece esta ciudad, por su gran variedad. Tenemos las playas de “Samil” y “O Vao” largas lenguas de arena, a diez minutos de la ciudad con toda clase de servicios a pie de playa, desde: chiringuitos, restaurantes, pistas de tenis, piscinas, locales de moda para tomarse una copa disfrutando de la puesta de sol, hasta escuelas de surf, windsurf y vela para los más pequeños.

Y después están las playas que se encuentran justo enfrente de Vigo, “ al otro lado de la ría”, playas naturales y salvajes, pequeñas calas secretas, escondidas por los montes. Paradisiacas, de arena finísima y agua cristalina, donde lo único que se llega a escuchar es el sonido de las olas muriendo en la orilla. “Cabo Home” es una de ellas, visita obligatoria para los amantes de la naturaleza, las playas tranquilas y las puestas de sol. Al atardecer se puede hacer una ruta hasta dos faros, incluso con niños. Ya que es de corta duración y por el camino se puede apreciar la otra cara del cabo, abrupta y accidentada, formada por rocas sin apenas vegetación por la continua lucha contra el mar. Si la senda la realizan en primavera podrán ver numerosos nidos de gaviota, ya que es una zona de apareamiento e incubación.

Si comparamos Vigo con el Poker, el trío de ases lo compondrían las “Illas Cies”, la isla del Norte o “Monteagudo”, la isla del medio o “Do faro” y la isla del Sur o “San Martiño”. Han sido nombradas en 1980 “Parque Natural” y en el 2002 “Parque Nacional de las Islas Atlánticas de Galicia”. Una de sus playas “Rodas” en 2007 fue elegida “la mejor playa del mundo” por el periódico británico “The Guardian”.
Disfrutar de la puesta de sol en ella es todo un placer, hay que mencionar que en Vigo es donde mas tarde anochece de toda Europa, se debe a su ubicación.

Visitar Vigo

Vigo, es una ciudad gallega y como tal, su ruta gastronómica es inmejorable. Por ejemplo, dicha ruta puede comenzar en el casco histórico o también llamado “Casco vello”, a la hora del aperitivo es visita obligada la zona de “A Pedra” donde las mariscadoras tienen pequeños puestecillos donde venden ostras, y las abren “in-situ”. También hay “pulpeiras” que en sus grandes ollas de cobre cuecen el pulpo de la manera mas tradicional. Aparte de la cocina de calle, por esa zona hay grandes restaurantes, como “El Capitán” detrás de la Concatedral de Santa María, donde se puede comer el pescado mas fresco de toda la ciudad, de la lonja a la mesa.

Y por ultimo destacar las innumerables actividades que se organizan a lo largo del año por toda la ciudad desde competiciones deportivas hasta, sobre todo en verano, conciertos, películas y obras de teatro al aire libre. Porque para los más susceptibles, Galicia no es solo paraguas y abrigo y Vigo disfruta de temperaturas medias muy agradables, tanto en verano como invierno.